Julio Iglesias y el PP: más de tres décadas de apoyo político a cambio de patrocinios millonarios

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La salida casi en tromba de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y del alcalde de esa ciudad, José Luis Martínez Almeida, en defensa de Julio Iglesias, después de que trascendieran las denuncias por agresión sexual contra el cantante, revela la simpatía de la que este goza desde hace años entre los altos cargos del Partido Popular (PP). La formación lleva tres décadas manteniendo una estrecha y continuada relación con el artista, al que ha proporcionado contratos millonarios desde varias administraciones públicas a los que él respondía con muestras públicas de apoyo electoral a sus altos cargos. Algunos de ellos, desde José María Aznar al actual presidente del partido, Alberto Núñez Feijóo, presumen de una íntima amistad con él.

Julio Iglesias ha sido acusado por dos de sus empleadas domésticas, que, además de las presuntas agresiones sexuales, describen en sus denuncias el clima de control, acoso, humillaciones y abuso de poder al que supuestamente eran sometidas. Poco después de que Más Madrid reclamara a la Comunidad y al Ayuntamiento que le retiraran al artista las distinciones que le han concedido, Martínez Almeida apareció en directo en un canal de televisión advirtiendo de que no pensaba a hacerlo. Más tarde, Ayuso salió en su defensa con un post en X en el que lo califica como “el cantante más universal” y en el que no sólo no menciona a las víctimas, sino que incluso cuestiona su versión: “Las mujeres violadas y atacadas están en Irán, con el silencio cómplice de la ultraizquierda”.

Las buenas relaciones del PP con Julio Iglesias se remontan al fundador del partido, Manuel Fraga, con quien el cantante solía fotografiarse en público cada vez que acudía a Galicia, de donde era originario su padre, ya fuera para dar un concierto, pasar unos días o incluso para regalarse una mariscada en su restaurante favorito –Chocolate, en Vilaxoán, en el municipio de Vilagarcía (Pontevedra)–, y volverse a Miami en avión privado tras la sobremesa.

Fraga, por entonces presidente de la Xunta, lo nombró en 1992 “embajador único de Galicia” y “peregrino urbi et orbe” del Xacobeo 93, mediante un contrato de patrocinio a dedo que incluyó la compra de los derechos de uno de sus temas, Un canto a Galicia. En la rueda de prensa en la que se presentó el acuerdo en Madrid, el trovador ironizó con que Fraga le iba a pagar “en manzanas”, pero, en realidad, la Xunta ya había desvelado que le abonaría 300 millones de pesetas (más de 4 millones de euros al cambio actual y aplicado el incremento del precio del dinero) por la canción y por esa labor de representación.

“No va a haber mejor presidente que Aznar”

Fraga había delegado la presidencia del partido en 1990, primero en Antonio Hernández Mancha y posteriormente en José María Aznar, quien, junto al liderazgo de la formación, también heredó la afinidad con Julio Iglesias. De hecho, el cantante le declaró públicamente su apoyo en un recordado mitin celebrado el 28 de febrero de 1996 en Zaragoza durante la campaña electoral de las generales de ese año, en el que pronunció un sentido discurso desde el atril de los oradores deshaciéndose en alabanzas al candidato popular y a su esposa, Ana Botella. “No va a haber un mejor presidente para España que José María Aznar”, resumió. Cinco días después, el domingo 3 de marzo, el PP ganaba las elecciones. En 2002, Iglesias fue uno de los invitados a la boda de la hija del matrimonio. En 2015, como alcaldesa de Madrid, Botella le entregó la Medalla de Oro de la capital del Estado.

Apenas un año después del mitin de Zaragoza, Eduardo Zaplana, por entonces presidente de la Generalitat Valenciana y a quien Aznar nombraría luego ministro de Trabajo y portavoz del Ejecutivo en sucesivos gobiernos, firmó dos contratos con el cantante a través del Instituto Valenciano de la Exportación, para promocionar al País Valencià y para que acompañara a empresarios de la comunidad en varias ferias internacionales.

En 2001 Zaplana aseguró en Les Corts que el acuerdo había sido “muy útil y barato” porque “sólo” había costado a los valencianos 372 millones de pesetas. Años después, en 2012, en el marco de la investigación judicial que se abrió contra el expresident, Julio Iglesias declaró ante el juez que en realidad habían sido 990 millones de pesetas. Es decir, 5,95 millones de euros del año 1997 o, si se quiere, 11,4 millones a precios de 2026.

En 2014, el digital gallego Praza Pública desveló que la Xunta, que desde 2019 presidía Alberto Núñez Feijóo, a su vez heredero de Fraga en Galicia, había presupuestado más de 302.000 euros para financiar un videoclip del hijo de Iglesias, Enrique, también artista, para promocionar el Camiño de Santiago. Feijóo ha declarado en varias ocasiones que mantiene una estrecha relación con su progenitor, a quien en el año 2000, cuando presidía Correos, le dedicó un sello de 200 pesetas –a día de hoy son dos euros con 12 céntimos, más o menos–. Ha reconocido que le pidió consejo para acudir al programa de televisión El Hormiguero en 2023, poco después de dejar Galicia tras ascender a la presidencia del PP. Seis años antes, había mediado para que se dejara entrevistar en el programa Land Rober de la televisión autonómica de Galicia, que habitúa a promocionar a los mandatarios del PP gallego.

Entre ellos figura Alfonso Rueda, sucesor de Feijóo al frente de la Administración gallega y quien en junio pasado se apresuró a celebrar en sus redes sociales que el cantante, al parecer, se haya comprado una casa en el municipio ourensano de Piñor: “Bienvenido a tu casa, Julio. Aquí la vida no sigue igual: es mejor”, posteó en X.

El artista suele presumir de ascendencia gallega y amor a su tierra, como cuando se arranca con Un canto a Galicia, aquella icónica canción cuyos derechos compró la Xunta de Manuel Fraga por una millonada de hace más de tres décadas. Pero si hace falta también hace gala de madrileñismo, como demostró en 2023 cuando conectó en directo con un programa de radio en el que también participaba el alcalde de la ciudad. “Soy madrileño total, y además madrileño de Almeida”, declaró.

El regidor le mostró entonces su agradecimiento y le recordó que aún tenía pendiente entregarle en mano la medalla que le había concedido Ana Botella años atrás y que aún no había recogido. El cantante le respondió que iría encantado –lo cierto es que aún no lo ha hecho–, señalando además a la audiencia, con irónica entonación de chulapo, cómo respondería si advertía muestras de rechazo a la simbólica honra a su figura: “Tiene que haber quejas porque yo tengo mis connotaciones políticas, que no voy a contar ahora pero son notorias. Si hay alguna queja porque me la pone [la medalla] Almeida, voy a decir que me la pone porque me sale de los… Entendido, ¿no?“.