Motociclistas al margen de toda norma: una postal reiterada del descontrol vial

34

Una vez más, la imprudencia al mando de motocicletas quedó expuesta en plena vía pública en Goya. Lejos de tratarse de un hecho aislado, lo observado refleja una conducta temeraria que parece haberse vuelto habitual en determinados sectores: maniobras riesgosas, desplazamientos a alta velocidad y una absoluta indiferencia por las normas básicas de tránsito.

No se trata solamente de una infracción. Es una actitud. Circular de ese modo implica asumir que la calle es territorio propio, sin reparar en que se comparte con familias, trabajadores y vecinos que transitan con responsabilidad. La motocicleta, que debería ser un medio de movilidad ágil y útil, termina convertida en instrumento de peligro cuando quien la conduce lo hace sin conciencia ni límites.

Este tipo de comportamientos expone una preocupante falta de respeto por la vida, empezando por la propia y extendiéndose a terceros. Cada acelerada imprudente, cada sobrepaso indebido, cada maniobra brusca es una invitación al siniestro. Después llegan los pedidos de justicia, las campañas de concientización y las estadísticas que crecen año tras año.

La seguridad vial no es una opción ni una sugerencia: es una obligación. Requiere educación, compromiso familiar y también controles firmes por parte de las autoridades. Sin orden ni sanciones claras, el mensaje que se transmite es el de la permisividad. Y cuando la imprudencia se naturaliza, el precio lo paga toda la comunidad.

Lo ocurrido vuelve a encender una alarma que no debería apagarse: en la vía pública no hay lugar para la irresponsabilidad. La convivencia y el respeto por la ley son la única garantía para evitar tragedias que, en la mayoría de los casos, son absolutamente evitables.