El esfuerzo de Comodoro Py por mantener abierta la causa Nisman

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Se cumplen, este domingo, 11 años de la muerte de Alberto Nisman. Las pruebas y las pericias realmente profesionales -Cuerpo Médico Forense, Junta Médica, Junta Criminalística- concluyeron que el fiscal se disparó a sí mismo. En 11 años no se encontró ni una sola prueba de que alguien haya entrado al edificio, mucho menos al departamento -cerrado por dentro- y al baño, pero aun así la justicia y los medios alineados con el macrismo insisten en que actuó un comando, supuestamente amparado por el kirchnerismo. Los delirios llevan a que se convocó a declarar a 300 integrantes de lo que fue inteligencia del Ejército, pero entre ellos tuvo que presentarse una moza, o sea, alguien que servía el café y que, por supuesto, declaró que en aquel momento ni sabía que existía Nisman. El cálculo es que van a tardar dos años en tomarle declaración a los militares. Al no tener prueba alguna, el fiscal Eduardo Taiano terminó arremetiendo contra su colega Viviana Fein, convocada a prestar declaración indagatoria el 24 de febrero próximo. Se la imputa porque no habría preservado la escena de la muerte, pese a que la querella de la familia de Nisman convalidó, de hecho, todo lo que se hizo, mientras que la Gendarmería, alineada con Patricia Bullrich, ni siquiera mencionó que lo hecho esa noche pudo haber alterado o dificultado trabajos y pericias posteriores. La ofensiva contra Fein sólo trata de disimular que no hay ninguna prueba de un asesinato y se apunta a mantener la causa abierta como sea. Necesitan seguir con la sospecha respecto de Cristina y el inexistente comando iraní, venezolano o no se sabe de qué origen.

Nada de nada

La ausencia absoluta de pruebas deriva en medidas y afirmaciones mediáticas que no tienen la menor relación ni con la muerte de Nisman ni con el expediente. Se insiste con que el supuesto comando pudo haber entrado al edificio sin ser visto, pese a que funcionaban 80 de las 101 cámaras dispuestas en el complejo Le Parc. Difunden la versión de que la puerta de servicio del departamento no estaba cerrada con llave, pero la madre de Nisman, Sara Garfunkel, declaró (foja 335) sobre su llegada aquel domingo 18 de enero, cuando el fiscal no contestaba a los llamados: “subimos hasta el piso trece, por el ascensor de servicio y entonces procedo a colocar la llave en la cerradura que está en la parte de arriba de la puerta. Que la puerta estaba cerrada y con la llave, abro. Pongo la llave de la Travex abajo, en la otra cerradura y no entra la llave, me hace tope. Preguntada por la señora fiscal para que diga si pudo ingresar de algún modo la llave y si al hacerlo pudo girar la misma, aunque sea un poco para ambos lados, responde que no pudo colocar la llave dado que hacía tope con la llave que estaba colocada del lado de adentro. Me choca con la que había del otro lado”.

De manera que la propia madre del fiscal explica que el departamento estaba cerrado de adentro con la cerradura de arriba y en la de abajo sólo había una llave colocada del lado de adentro, que luego el cerrajero logró empujar. Así ingresaron.

Todo eso explica que en el baño no se encontró ni una pisada y la sangre de Nisman cayó hacia los cuatro costados, porque no había nadie interfiriendo a su lado. Esa fue la conclusión de la Junta de Criminalistas: “no había ninguna otra persona en el baño en el momento del disparo”.

Militares por años

En el escrito de citación de militares, el fiscal Taiano habla de un super-complot en el que estuvieron metidos la SIDE, Inteligencia Militar, la AFIP, la Procuración, la jefatura de Gabinete y la secretaría general de la Presidencia. Un esquema que no tiene antecedentes en el mundo, en especial porque una convocatoria multitudinaria a un plan macabro tiene siempre, siempre, filtraciones.

Lo cierto es que Taiano, con la anuencia del juez Julián Ercolini, convocó a unos 300 integrantes del área de Inteligencia del Ejército. Por supuesto, apunta a involucrar al general retirado, César Milani, referente de las Fuerzas Armadas en época de Cristina. Está citado personal que trabajaba en el edificio Libertador y en Campo de Mayo en una estructura que -supuestamente- no hacía ningún trabajo de calle, sino que se ocupaba de analizar cualquier evolución de los ejércitos de los demás países. El 80 por ciento de los integrantes de la Dirección General de Inteligencia del Ejército era personal administrativo y el 20 por ciento integraba las mesas de análisis. Había también una Dirección de Inteligencia dedicada especialmente a que no se fuguen secretos y a investigar y analizar los robos.

Como dicen que Taiano tiene poco personal, citan sólo a dos militares por semana, lo que lleva al cálculo de que tardará más de dos años en tomar esas declaraciones. O sea, tal vez la ronda esté terminada a fines de 2027 o principios de 2028.

Lo llamativo es que las citaciones no provienen de una información anterior, precisa, o de dichos de algún testigo. Se mencionó en algún momento que un buche de los servicios de inteligencia, expolicía travestido en periodista, Gabriel Zancheta, sostuvo que un hombre del Ejército, Joaquín Conrado Pereira, que habría estado ligado a Milani, “sabe quién mató a Nisman”. Eso es todo. Y con ese nivel de imprecisión se formularon las convocatorias. Página/12 pudo constatar, por ejemplo, que tuvo que declarar una camarera, que servía café y que dijo que se enteró quién era Nisman por los medios, después de su muerte. Dicen que también convocaron a un cocinero y a alguien de limpieza.

El objetivo, en verdad, es dejar la causa abierta, mantener las sospechas.

El turno de la fiscal

Como no hay nada respecto de la muerte de Nisman, el aparato de Comodoro Py decidió la indagatoria de la fiscal, ya jubilada, Viviana Fein, una funcionaria honesta, que simplemente expuso una y otra vez su conclusión provisoria: “no encuentro, hasta ahora, ninguna evidencia de que Alberto Nisman haya sido víctima de un homicidio”. Su afirmación estaba basada en lo que sostuvo el dictamen de la Junta Médica, del Cuerpo Médico Forense y de la Junta de Criminalistas. Por esa razón, le quitaron la causa y la enviaron al edificio de Comodoro Py, donde no lograron el menor avance en 11 años.

Fein, junto a su abogado Lucio Simonetti, estarán en la fiscalía de Taiano el 24 de febrero y, según sabe este diario, contestarán las imputaciones.

Por de pronto, el cerrajero abrió la puerta del departamento de Nisman a las 22.05 y Fein llegó al edificio Le Parc a la 1.20, o sea 3 horas más tarde. Sucede que no fue notificada hasta después de la medianoche. De todas maneras, las cosas en el baño se hicieron de acuerdo a los protocolos internacionales de la Policía Federal: se filmó la escena antes que nadie entrara, se sacaron fotos con un stick, luego ingresó el balístico para desactivar el arma, la médica policial a revisar el cuerpo y lo que llaman el cazador de huellas. Según la pericia que figura en a fojas 841 se encontraron 16 huellas dactilares. Dos correspondientes a Nisman, una a un prefecto que fue el ingresó a las 23 para preservar la escena, y el resto no se pudo determinar porque son incompletas o poco claras. En la polémica con la querella, los peritos de la familia Nisman, nunca se planteó que se hayan perdido evidencias: las polémicas siempre fueron sobre las manchas de sangre o si las manos del fiscal registraban o no registraban rastros del explosivo del arma. Como todas las pericias coincidían en que Nisman se quitó la vida, durante el gobierno de Macri, bajo el control de Patricia Bullrich, la Gendarmería hizo un insólito estudio concluyendo que se trató de un asesinato. Por ejemplo, se realizó una especie de autopsia, sin acceso alguno al cuerpo, e incluyó conclusiones desopilantes como que Nisman tenía en el cuerpo ketamina, sin saberse qué cantidad ni tener rastros de una inyección o algo así. Consignaron un horario exacto de la muerte, 2.46 de la mañana, algo imposible de determinar y que no pondría ningún profesional del mundo. Los peritos de la Gendarmería nunca fueron llamados a declarar bajo juramento ni se hizo una confrontación con el Cuerpo Médico Forense o los integrantes de las comisiones, Médica y Criminalística.

Todo este cuadro escandaloso responde a la cuestión geopolítica. La muerte de Nisman, el Memorándum con Irán, encajan en el conflicto de Medio Oriente. Las derechas de Estados Unidos e Israel, con su sucursal en la Casa Rosada y Comodoro Py, necesitan mantener la versión del asesinato y de un comando del que no se sabe nada de nada.